Se tiene muy merecido Salzburgo el título de Patrimonio de la Humanidad que le concedió la UNESCO. Realmente, lo es. Y por eso reciben unos 8 millones de turistas anualmente, que se extasían ante la casa natal de Mozart, en la calle Getreidegasse, ante el Casco Antiguo de la ciudad ("el centro comercial más bonito de Austria") o ante la multitud de acontecimientos culturales, más de 4.000, que Salzburgo ofrece a sus numerosos visitantes.
Los salzburgueses le sacan partido a todo de lo mucho que tienen. Hasta de la famosa película Sonrisas y Lágrimas, la historia de la aristocrática familia austriaca del barón Georg von Trapp, que encumbró a Julie Andrews y cautivó al mundo, han sabido sacar un extraordinario provecho, mostrando los parajes en los que se rodó, como el Monasterio de Nonnberg, el Castillo de Leopoldskron, los Jardines de Mirabel o el Castillo de Hellbrunn, una delicia de agua y juego. Hay muchos turistas, entre ellos muchos españoles, que van a Salzburgo sólo para seguir la ruta, los pasos de la famosa y enternecedora película.
Y lo de Mozart ya roza el techo del máximo aprovechamiento posible. El Mozart Dinner Konzert es una visita casi obligada en Salzburgo, alternando duetos y aperturas de Don Giovanni, Las bodas de Fígaro o La flauta mágica con delicias culinarias de las que el genial compositor habló en su numerosa correspondencia. Y asistir a la cena musical en el palacio barroco de St. Meter y con actores vestidos de época es una delicia añadida. De Mozart, además, hay bombones (la familia Fürst lleva cinco generaciones haciendo bombones manualmente y nada menos que hasta 4.000 bombones diarios), relojes, libros, discos, recuerdos, de todo. Mozart inunda Salzburgo y su genio penetra en todos los rincones de la tranquila, bella ciudad.
La cerveza como espectáculoLa cerveza es una bebida, la más consumida del mundo, pero en Salzburgo es, también y como casi todo, un espectáculo y un disfrute. Allí está la gran casa Stiegl, fundada en 1492 y la más antigua de Austria, con unas impresionantes instalaciones y un interesantísimo museo, además de una atractiva boutique y un restaurante en el que se pueden degustar diferentes tipos de cervezas.
La exhuberancia de la oferta cultural de Salzburgo es de tal magnitud que una programación a base de Mozart, con todo lo inmenso que él significa, no podía bastar para llenar el afán de los salzburgueses, así que han programado una serie de espectáculos ultramodernistas, bajo la denominación de meeting at de moment, en el que te puede tocar desde un recital de música india, que no es muy variada que digamos, hasta, como nos ocurrió a nosotros, una representación unipersonal de una inquietante artista japonesa, Fumiyo Ikeda, que sin duda posee una asombrosa variedad de registros pero cuya representación, de más de una hora y media, llega a desesperar.
Más divertido debe ser, sin duda, ser guiado por uno de esos oficiales Guardianes de la noche, que te enseñan la vida nocturna salzburguesa, aunque la limitación es que sólo lo hacen en alemán, con lo que se pierden a la mayoría de los numerosos turistas españoles que acuden a la ciudad y que, supongo, disfrutarían mucho con esos recorridos nocturnos guiados.
DiversiónEl afán de divertirse y de disfrutar de las pequeñas, y de las grandes, cosas de la vida es una característica frecuente, y admirable, de los salzburgueses. Y para ejemplo sirva el singular Castillo de Hellbrunn, con sus famosos Juegos de Aguas, idea de un original y juguetón Príncipe-Arzobispo, Markus Sittikus, materializada, como no podía ser menos, por un arquitecto italiano, Santino Solari. Los niños son mojados con frecuencia allí, pero disfrutan mucho.
Para disfrutar está también, aunque parezca mentira, el cementerio de San Pedro, uno de los más bellos y antiguos del mundo, extraordinariamente bien cuidado. Pasear por él es un placer y un relax.
Aunque para pasarlo en grande, lo que hizo en 1606 el Príncipe-Arzobispo Wolf Dietrich von Raitenau, que construyó el espléndido palacio de Mirabell.
La cerveza es una bebida, la más consumida del mundo, pero en Salzburgo es, también y como casi todo, un espectáculo y un disfrute.
- El cementerio de San Pedro
Para disfrutar está también, aunque parezca mentira, el cementerio de San Pedro, uno de los más bellos y antiguos del mundo.
- Panorama desde la fortaleza
La fortaleza Hohensalzburg, es testigo inmutable de la historia de la ciudad. Desde su loma se divisa todo el valle y cautiva a todos los que hacia arriba miran al pasear pos las calles de Salzburgo.
Enrique Bohórquez López-Dóriga