Las Cuatro Torres, los estadios Santiago Bernabéu y Vicente Calderón, la Asamblea de Madrid, la estación de Chamartín, la Caja Mágica, la M-30, el Parque de Atracciones o el Zoo. Hace poco más de 60 años Madrid no hubiera podido ni siquiera pensar en contar con estos espacios emblemáticos dentro de su exiguo territorio. Asfixiada por sus escasas opciones de crecimiento, la capital se vio obligada entonces a tornar sus ojos hacia los pueblos vecinos más próximos como única salida a su urgente necesidad de desarrollo urbanístico.
Sin embargo, este debate ya había surgido a comienzos del siglo pasado. Las deficiencias del Ensanche de Madrid –el actual barrio de Salamanca–, planificado por Carlos María de Castro en la anterior centuria, eran palpables. El plan abogaba por las amplias calles lujosas y las edificaciones de gran volumen. No había espacio para las viviendas más modestas en las que albergar al gran volumen de inmigrantes procedentes del medio rural que llegaba sin pausa a la ciudad. La vivienda, tanto en el Ensanche como en el centro, era casi inaccesible para la nueva población, lo que provocó la aparición paulatina de un cinturón de suburbios alrededor de la ciudad, muchos de ellos, incluso asentados en terrenos pertenecientes ya a otros términos municipales.
Organizar aquel caos se antojaba prioritario. Entre 1908 y1939 hasta siete fueron los proyectos o iniciativas que se plantearon para tratar de regular la extensión de la capital. Casi todas coincidían: la mejor solución pasaba por la anexión de los pueblos más próximos.
En 1941 la oficina técnica creada para la reconstrucción de Madrid tras la Guerra Civil, dirigida por Pedro Bigador, termina un plan que contemplaba la construcción de poblados satélites en los municipios limítrofes. La cuenta atrás para las anexiones ya había empezado. Los municipios “escogidos” fueron Aravaca, Barajas, Canillas, Canillejas, Carabanchel de Arriba (Alto), Carabanchel de Abajo (Bajo), Chamartín de la Rosa, El Pardo, Fuencarral, Hortaleza, Vallecas, Villaverde y Vicálvaro.
Tendrían que esperar hasta la aprobación definitiva del Plan Bigador, en 1947, para empezar a formar parte de forma oficial del Gran Madrid. Chamartín de la Rosa sería el primero en hacerlo, ese mismo año. El último fue Villaverde en 1954. Una vez acabado el proceso, Madrid había pasado de contar con una superficie de 68,42 kilómetros cuadrados y 1.237.621 habitantes a un total de 607.09 kilómetros cuadrados y sumar más de 330.000 nuevos vecinos.
Razón políticaPero consideraciones urbanísticas aparte, para muchos esta decisión tenía también un marcado tinte político.
“Franco, porque fue una decisión del dictador, anexionó estos municipios para hacer la ciudad más grande y tener más peso como capital de España porque Barcelona crecía. Todo ello se hizo sin complementar mejoras, ayudas, servicios. Por ejemplo, Vicálvaro estuvo décadas abandonado por el franquismo. Llegaron las viviendas de los años 60 y no estaban ni hechas las calles”, afirma el concejal y portavoz socialista de Urbanismo, Daniel Viondi.
Y es que, no son pocos los que sostienen que el ritmo de crecimiento y modernización de estos ‘territorios’ añadidos fue más lento que el del resto de la capital, creando déficits y una conciencia de periferia que ha llegado a nuestros días.
“Si hay una fecha fatídica en la historia de Vicálvaro es la del día de su anexión a Madrid”, asegura el presidente de la asociación Vicus Albus, Valentín González, quien lamenta “la pérdida total de su identidad”. A su juicio, la suma a la capital no era la panacea.
“En esa época Coslada era tres veces más pequeño que Vicálvaro. Entonces resurgió de sus cenizas y ahora es un pueblo importante con más habitantes, infraestructuras y servicios que nosotros. Si Vicálvaro se hubiera mantenido como pueblo tendríamos ahora un censo de 350.000 habitantes como Móstoles”, sostiene Valentín, que no duda en señalar que “siempre seremos los hijos pobres de Madrid”, se lamenta.
De la misma opinión son en la asociación de vecinos de Carabanchel Alto. “Habría ido mejor si no nos hubiéramos anexionado”, indica su portavoz, Pedro Casas.
Precisamente en 1998, con motivo de la conmemoración del 50 aniversario de esa efeméride en su barrio, la entidad vecinal hizo público un comunicado reclamando la “desanexión”.
“No tenemos más que fijarnos en cualquiera de los municipios que nos rodean como Leganés, Alcorcón, Móstoles(...) Siendo una población trabajadora como nosotros, con un nivel de vida parecido, han conseguido transformar por completo la fisonomía de sus calles, parques, polideportivos, equipamientos....sin olvidarnos de los servicios más cercanos al ciudadano, y por ello más eficientes y de calidad”, argumentaban.
Una valoración menos crítica tienen en los antiguos pueblos del norte. “En el caso de Hortaleza era su única salida para salir de una situación económica muy delicada. Con la anexión, se perdió una parte importante de la identidad, pero hoy es uno de los distritos más prósperos y con más futuro. Lo único negativo es cómo se llevó a cabo el proceso, por decreto desde Madrid. Hoy algo así sería impensable”, detalla Aquiles Obispo, autor del libro Más de cien años de historia de Hortaleza.
Parecido criterio muestra, el presidente de La Unión de Fuencarral, Antonio González. “Plantearse ahora la desanexión no tiene ni pies ni cabeza. Otra cosa son las carencias de este barrio. Hay un cierto desequilibrio con respecto a otros de la ciudad”, concede.
El quid de la cuestión, en opinión de Viondi, vuelve a ser la falta de competencias de las juntas municipales. “Llevamos más de 20 años desaprovechando estos espacios que deberían ser esos ayuntamientos propios con capacidad de gestión y de resolver directamente los problemas de los ciudadanos, lo que provoca que, al final, la gente opte por decir que se vivía mejor separado”.
PSOE e IU en San Blas han encabezado una iniciativa ante la Junta para añadir el nombre de Canillejas a la denominación del distrito. “Hace 60 años, cuando aún no existía San Blas, sí existía Canillejas. Pedimos que no se pierda su identidad”.
El Ayuntamiento de Madrid creó en la pasada legislatura una comisión para estudiar una posible nueva división administrativa de los distritos. El debate a día de hoy está aparcado y lo estará,al menos, hasta el próximo 2011.
Raquel Cuenca